El Plan de Comunicación, un traje a medida.

 Los Planes de Comunicación se pueden resumir en siete puntos básicos, o cuatro, según autores, pero esto no quiere decir que todos sean iguales o que podemos usar el mismo plan para diferentes organizaciones.

Muy al contrario, las Relaciones Públicas para que sean de calidad deben dejarse en manos de un profesional. La simplicidad de esos siete puntos es lo que hace que diseñar y desarrollar un Plan de comunicación, ya sea un campaña de poco tiempo o un plan anual, sea una tarea en la que aplicar tiempo y creatividad.

Siguiendo el paralelismo del titular, un traje hecho por un sastre consta de una pantalón y una chaqueta, pero no sirve para todos los clientes. A las simples variantes de estilo en cuanto a tipo de solapas o número de botones, están las diferencias en las medidas del cliente o en el uso que le dará al traje.

Igualmente un Plan de Comunicación parte del un modelo y se adapta a nuestro cliente a medida que lo vamos conociendo. A medida que sabemos , que objetivos quiere/puede alcanzar como empresa podemos diseñar la estrategia adecuada, ofrecerle objetivos de comunicación y de relación con sus públicos; acompañarle en la ejecución de las acciones necesarias dentro del presupuesto y de los tiempos de que se disponen; y finalmente evaluar los resultados.

Por eso, como un buen sastre, lo primero que hace el profesional de Relaciones Públicas es tomar las medidas,. Entonces el sastre selecciona y recomienda el tejido, dibuja el patrón, corta la tela, cose, prueba y retoca. En el caso de la empresa tomar las medidas implica conocer la organización y a sus públicos, sólo así podemos definir, seleccionar y planificar.

Como todo buen traje es una inversión a largo plazo, algunos resultados se ven en unos meses, más cuanto más se avanza en el tiempo, y en el plan. Y si dicho plan no se deja abandonado en el fondo de un armario, si no que se usa a diario, entonces es cuando se observa la verdadera rentabilidad.

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¿Qué comunicas?

Comunicas con tu imagen. Antes de hablar ya has dicho muchas cosas sobre ti. Esto es algo que todos sabemos y que tenemos en cuenta a la hora de vestirnos, peinarnos, … Con las empresas pasa lo mismo, pero con algunas diferencias.

Para nuestra empresa elegimos el nombre (nosotros cargamos con el que nos pusieron en su día), elegimos un logotipo o las letras con las que se escribirá ese nombre, elegimos los colores y , sobretodo en el caso de las micropymes comerciales, elegimos la decoración.

Haciendo un paralelismo elegimos ropa, peinado y maquillaje. Ahora bien algunas empresas (más bien los empresarios) hacen esta selección sólo una vez en la vida del negocio; bien es cierto que una empresa no puede (¿ni debe?) cambiar sus colores corporativos cada dos por tres. Tampoco se puede cambiar el interiorismo de una tienda todos los meses , ¿o sí?

Dejando las propuestas innovadoras a un lado, lo cierto es que si una persona, más una persona de negocios, cuida su imagen ante clientes y proveedores y no se viste todos los día exactamente igual (ni siquiera los ejecutivos que visten de traje y corbata usan el mismo todo el año) ¿por qué dejamos que la imagen de nuestro negocio pase de moda? La primera respuesta que obtengo es “ hay cosas más importantes”, “no tengo tiempo de pensar en eso”, “estamos ocupados haciendo negocios”, … ¿me quiere decir que la imagen que da ante un cliente no es importante? ¿no forma parte del negocio?

Preocuparnos por la imagen que damos, lejos de ser una frivolidad, demuestra que nos preocupa, es decir, nos interesa; que los demás tengan una buena opinión de nosotros. Es más nos iteresa hacerles la vida más agradable. La buena imagen, como los buenos modales, no pueden obsesionarnos pero, son una muestra del respeto hacia los demás.

Usando otro paralelismo, que las vitaminas de la naranja estén en la pulpa no quiere decir que la piel no sea importante; muy al contrario un buen envoltorio es, en la mayoría de los casos, garantía de buen contenido. En el caso de las empresas, la responsabilidad del ambos aspectos recae sobre el empresario y debe cuidar los dos.

En Comunicación decimos que un buen diseño responde a una buena estrategia. Por tanto, si tienes una buena estrategia busca un buen asesor que le pueda dar visibilidad.

Consejos.

Dedica un poco de tiempo a mirarte. Y si es posible intenta hacerlo con ojos nuevos. Piensa en el tiempo que llevas usando el mismo logo, los mismos colores, … y comparalo con la imagen que quieres dar, con lo que soñaste que fuera tu negocio ¿se corresponde?

Piensa, también, en tus clientes, el producto y/o servicio que ofreces y en cómo lo ofreces ¿quieres cambiar? ¿necesitas cambiar? Ese cambio ¿en qué dirección debe ser?

Y finalmente pide consejo. Puedes empezar por por algún conocido, pero no te automediques, mejor consulta con un profesional.

Innovación, otra vez

Sin duda una de las palabras más de moda de los últimos años. Y sin duda, también, un concepto poco aplicado en general, por lo menos en nuestro país. Si bien es cierto que las instituciones públicas y privadas se han llenado la boca hablando de ella y hasta creando premios para fomentarla, esta apuesta por la innovación no podía ser más limitada.

Unos y otros se han centrado en la tecnología y en determinadas ciencias como sinónimos de innovación. Al tiempo que que muchos consideraban una buena inversión en innovación el hecho de introducir la tecnología en determinados procesos, sin una reflexión previa. Y así al resto de las ciencias, Humanas, Sociales, Jurídicas, Económicas, … se les ha negado la posibilidad de aportar cambios a una sociedad que los demanda por activa y por pasiva.

Innovar es mudar o alterar algo, introduciendo novedades. Esta es la definición que da el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Siendo rigurosos debemos admitir que innovar, sea en el ámbito que sea, no significa mejorar. Pero, al parecer, además de la palabra “innovar”, lo que también está de moda es presuponer un matiz positivo.

Bien, pues siguiendo la tendencia de este matiz y haciendo hincapié en que innovar, se puede innovar en cualquier ámbito, es como escribimos esta entrada.

En el caso de las empresas, que son el motor socio-económico, la innovación en ámbitos como la gestión o el tratamiento de la información pasan necesariamente por un cambio de actitud. Un cambio de pensamiento que cambie nuestra cultura empresarial

Crear modelos de gestión que introduzcan la flexibilidad horaria, mejorando así conciliación de la vida familiar y laborar (de las madres y de todos los trabajadores) sería una innovación positiva en la gestión y la organización.

Implantar modelos que faciliten y propicien la comunicación, el reconocimiento del buen trabajo y la confianza de los empleados; no solo es innovación si no que conserva el talento dentro de la empresa.

Introducir nuevos y mejorados sistemas de información que respondan a las necesidades y objetivos de la empresa, sería una innovación en el modelo empresarial.

Plantear objetivos reales y éticos (1º generar riqueza 2º ganar dinero); mantener un espíritu emprendedor, en lugar de repetirnos una y otra vez “siempre lo hemos hecho así”; y dejar de esperar a que las Administraciones nos solucionen los problemas; sería innovar en la cultura empresarial.

Para cualquiera de estas innovaciones es imprescindible un cambio, alteración, mudanza, … siempre en positivo, de la actitud de todos los implicados. Para que estos cambios sean demandados con más fuerza y sean implantados con más decisión.

Lo mejor es que ese cambio ya esta en marcha, lo peor es que va despacio. Pero no perdamos ese espíritu positivo, si creemos que es posible ya hemos dado un paso para conseguirlo. Si ponemos en común nuestros saberes para hacerlo posible, ya hemos dado otro paso. Y si hacemos todo lo que está en nuestra mano para alcanzar esa meta, ya estamos en camino.